¿Por qué nos volvemos adictos a las cosas?
No olvidarse jamás el celular, tener siempre con nosotros la última moda en tecnología, tratar de estar siempre con algo a mano; son signos de que nos estamos atando a nuestros objetos.
El mundo actual parece obligarnos a estar siempre al día con las últimas novedades, no importa si se trata de noticias, de accesorios, tecnología u objetos no funcionales, ellos deben ser parte de nuestra vida. En cierto punto esto es normal, es parte de vivir en una sociedad moderna, pero qué pasa cuando este rasgo se nos vuelve imperativo y necesario…¿ Nos convertimos en adictos a nuestras pertenencias?
Una cosa es cuidar lo que uno tiene, y otra muy diferente, que lo que poseemos determine la calidad y forma de nuestra vida. Como personas nos gusta estar en contacto, sentirnos en comunicación y relación con otros individuos, o incluso mascotas. El problema surge cuando la relación interpersonal se ubica en segundo plano, pues lo más importante pasa a ser la relación que establecemos con objetos, cosas y pertenencias.
Saber diferenciar
Entre los objetos que generan más dependencia y que parecerían reemplazar las relaciones que podemos establecer con otras personas, se encuentra el celular y la computadora. En este punto es importante deslindar dos cuestiones. Por un lado, la necesidad imperante de estar todo el tiempo conectados y por el otro lado, la importancia que le damos al objeto que nos permite la comunicación -sea teléfono o computadora- . Estar comunicados nos pone contentos, y es bueno; pero no es recomendable estar todo el tiempo conectados con el otro, con el mundo exterior. Para poder construirnos como personas, necesitamos estar un tiempo en soledad, saber disfrutarnos de nosotros mismos, sin la compañía de nadie. Cuando la comunicación se banaliza, lo que aparece como principal es el objeto mismo: lo que importa es poder estar comunicados con “este aparato” no importa con quien hablemos. En estos casos, las personas dependientes intentan tapar un agujero que tiene que ver con la soledad, con crear un momento de ilusión para no sentirse solos.
Evitar las zonas de riesgo
Se podría hablar de idolatría por las cosas, cuando éstas pierden de vista su función y sólo nos interesan por su posesión misma, porque tenerlos en nuestras manos es lo que nos da seguridad. Se trata de una hipervaloración de los objetos que nos puede suceder a todos. ¿Cómo nos damos cuenta si estamos yendo por un camino de riesgo? Por ejemplo, cuando invertimos una parte cuantiosa de nuestro ingreso en la compra de objetos que ya tenemos, pero que los creemos obsoletos. Otro ejemplo, es cuando adquirimos cosas porque sentimos que eso nos jerarquiza, nos convierte en importante para los otros.
¿Cómo nos alejamos de esta dependencia? Primero hay que empezar a observar el nivel de necesidad que nos puede generar un objeto, pensar cuánta energía, dinero y dedicación invertimos en él. Si vemos que es demasiado, es importante sustituir gradualmente el objeto por tiempo real con otras personas o con nosotros mismos. Y si nos es difícil lograrlo será importante tener a nuestro lado un profesional que nos pueda ir guiando por un camino sin dependencias.







