Comenzó el otoño y, como es usual en esta época del año, nuestra preocupación se centra en cómo mejorar nuestras defensas y prevenir así las típicas enfermedades que nos aquejan en esta temporada. Así, todos pensamos en hábitos o tratamientos que permitan reforzar el tantas veces comentado “sistema inmune”, lo cual sin duda es posible.
Nuestro sistema inmune
Para eso, debemos comenzar por definir qué es. En palabras simples, el sistema inmunológico es el conjunto de células y órganos que ayuda a protegernos de alteraciones producidas por virus, bacterias, hongos o sustancias dañinas que podrían producir alguna alteración o enfermedad. Así, cuando reconoce un antígeno lo detecta y lo ataca, evitando el desarrollo de una patología.
Considerando lo anterior, queda en evidencia el rol protagónico que tiene para nuestro bienestar y lo relevante que es entonces potenciarlo, no sólo en otoño, sino de manera permanente. ¿Es esto posible? Afortunadamente la respuesta es sí y puede hacerse a través de múltiples conductas que apuntan a ese objetivo. Implementar un lavado de manos frecuente, realizar actividad física al menos tres veces por semana, mantener una adecuada higiene del sueño, reducir el consumo de alimentos ricos en grasas y ultra procesados para inclinarnos por aquellos más naturales como las frutas y verduras ricas en vitamina C, son algunos ejemplos de acciones cotidianas que serán un gran aporte.
De estas medidas, algunas son más popularmente conocidas que otras. Es probable que no todos tengamos internalizado cuánto impacta en nuestra salud el dormir al menos 7 horas en adultos y hasta 13 horas en niños entre 3 y 5 años, pues permite mantener un equilibrio físico y psicológico, prevenir enfermedades coronarias y mentales, controlar el peso y potenciar la vitalidad, además de sus efectos en el campo inmunológico. Algo similar ocurre con el ejercicio y sus amplias repercusiones en el cuerpo y las emociones humanas.
Hábitos nutricionales
En la otra vereda, mucho se habla de la relación entre defensas y hábitos nutricionales. Si queremos que sea positiva, nuestras opciones deben inclinarse hacia alimentos orgánicos ricos en vitaminas (A, C, B6, B12) y los que poseen grandes propiedades inmunológicas como es el caso de los vegetales de hoja verde, ya que tienen efecto antiinflamatorio y refuerzan nuestro aparato inmunológico. Asimismo, hay especias con efecto antioxidante que deberían ser parte de nuestras preparaciones. Ajo, canela, cebolla, cúrcuma, jengibre y orégano, son algunos de ellos. En este ámbito, otro asunto ampliamente comentados es el poder de los probióticos, que ayudan a que el organismo pueda proteger el aparato digestivo de microorganismos nocivos para la salud, además de favorecer la digestión y reconstitución de nuestra flora intestinal.
Además de ello, su consumo combate enfermedades como la diabetes y la obesidad, reduce el estrés, protege el hígado, alivia el colón irritable y compensa efectos secundarios de antibióticos, entre muchos otros beneficios. ¿Dónde encontrarlos? En el mercado existen diversos alimentos ricos en probióticos naturales como son el chucrut, el yogurt natural, la kombucha, el kéfir y los encurtidos, entre otros. Una buena medida a considerar también son los suplementos alimenticios. En palabras simples se trata de preparados que contienen vitaminas, que no sólo mejoran la memoria y la salud cardiovascular, sino que además fortalecen el sistema inmunológico.
Cabe destacar que en épocas frías como el otoño y el invierno, el ser humano está susceptible a enfermarse con mayor facilidad, por lo que es imprescindible mantener adecuados niveles de vitaminas y, de existir déficit, evaluar con un profesional de la salud cómo manejar el caso según las necesidades de cada persona.
Por último, en materia de nutrición, conviene reforzar que aunque el calor baje, no debemos dejar de hidratarnos adecuadamente. Entre un 50% y un 70% de nuestro cuerpo es agua, por tanto es evidente que se trata de un elementos clave para el funcionamiento de órganos y tejidos. El institute of Medicine de Estados Unidos indica que las mujeres deben ingerir 2,2 litros de agua al día y 3 litros en el caso de los hombres, números que pueden variar si hay enfermedades o se realiza una actividad física más intensiva.
El simple acto de tomar agua y obtenerla de alimentos ricos en ella, hace posible una mejor eliminación de desechos metabólicos a través de la orina, mantener la temperatura corporal dentro de rangos normales, lubricar las articulaciones, proteger los órganos diana (corazón y cerebro), absorber nutrientes esenciales, aliviar fatigas musculares y los molestos dolores de cabeza .
En resumen
Recapitulando, hacer ejercicio, dormir las horas suficientes y alimentarnos adecuadamente son temas relevantes para todos, pero se vuelven más fundamental aun si notamos que tenemos las defesas bajas. Para ello, hay que estar alerta a señales que pueda darnos el cuerpo como son las infecciones respiratorias recurrentes o de cualquier tipo que requieran un manejo más prolongado de lo habitual, aparición de herpes, cansancio excesivo o diarrea, entre otros.
Preocuparnos por instaurar estas acciones nos ayudará a enfrentar de mejor manera la llegada las enfermedades respiratorias que se presentan de manera frecuente en estaciones frías debido a los cambios de temperatura que son un vector importante de múltiples virus. Los llamamos comúnmente gripes y resfríos, pero lo cierto es que no son lo mismo. Los cuadros gripales corresponden a un proceso agudo respiratorio producido por virus que se manifiestan a través de síntomas como fiebre, cefalea, mialgias (dolores musculares), tos y decaimiento. Su periodo de incubación es de 18 a 36 horas post exposición.
Los resfríos, en tanto, son de menor intensidad sintomática que la gripe, cuyas manifestaciones características son la irritación ocular y congestión nasal. Cualquiera sea el caso, siempre la recomendación es acudir al médico para un diagnóstico y tratamiento adecuado, que prevenga complicaciones más serias. Incluso si estamos considerando tomar medicamentos de origen natural, que en último tiempo han tenido un auge importante, es fundamental que un médico determine los pasos a seguir.
Si ya hicimos todo lo mencionado en este artículo, ¿qué otras cosas podrían ayudar a pasar un otoño más fuertes y saludables? Lo primero, es evitar el contacto directo y/o prolongado con personas con cuadros respiratorios. Junto con eso, ventilar espacios cerrados, disminuir el uso de calefacción a leña, no tocar ojos, nariz y boca con manos sin lavado previo, taparse la boca y nariz al estornudar, desinfectar superficies de uso común y no exponerse a cambios de temperatura, son algunas ideas a considerar.
Se trata de recomendaciones preventivas generales y muchas de ellas transversales en distintos grupos etarios. No obstante, siempre se debe tener en cuenta consultar con personal de salud ante la existencia de signos o síntomas poco frecuentes que nos llamen la atención.
En definitiva, cuidarnos y fortalecer nuestras defensas es posible. Sólo debemos tomar conciencia y acción, potenciar nuestras defensas, adoptar mejores hábitos y cultivar una actitud preventiva más que reactiva. Así, podremos pasar una temporada de frío más agradable, saludable y feliz.
Diego Alexis Duque Urzua. Académico Escuela de Enfermería Universidad Bernardo O´Higgins (UBO)







